El uso colectivo del siku
Como ya lo mencionamos
anteriormente, tradicionalmente el siku bipolar altiplánico es siempre
utilizado de modo colectivo por conjuntos músico-coreográficos.
El uso colectivo del siku constituye la otra más importante característica
del siku. Desde luego, ya en la misma la relación binaria complementaria
de dos instrumentos e instrumentistas constituyentes de la unidad bipolar sikuriana,
célula indivisible del conjunto, se manifiesta el uso colectivo antes
que individual del siku. Adicionalmente a esta célula bipolar del conjunto,
otras formas binarias definen también la estructura de los conjuntos
de sikus, como veremos.
En general los conjuntos altiplánicos en estudio emplean diferentes grupos
de sikus, denominados cortes, agrupados de acuerdo a los tamaños de los
instrumentos, y por lo tanto, en concordancia a sus registros o rangos de tesitura.
Las relaciones proporcionales de la longitud de los tubos de los sikus de los
diferentes grupos están determinados por las leyes acústicas de
los tubos resonantes (veáse Capítulo V). Los tubos de mayor tamaño
emiten sonidos más graves. Además, se pueden establecer la siguientes
relaciones entre las longitudes de los tubos: la longitud de los tubos afinados
a la octava es de 2 a 1; los afinados a la quinta, es de 2 a 3; y aquellos afinados
por terceras, aproximadamente, tienen una relación de longitud de 4 a
5, tal como se indica en la Figura 9.
Los diferentes grupos del conjunto emiten, por lo tanto, lineas melódicas
paralelas, separadas por octavas, quintas o terceras, según el caso.
Los constructores de sikus nativos no tienen un diapason estandard que les permita
determinar una permanente localización de las escalas diatónicas
en el espectro de las frecuencias de audio. Así, a través del
tiempo y el espacio las escalas se mueven constantemente. Además, diversos
factores que influyen en la producción del sonido (posición de
los labios, ángulo de sujeción, y modo de soplar) afectan la afinación
considerada de los instrumentos. De manera que para lidiar con estos factores
que afectan la localización en el espectro sonoro de las escalas empleadas,
y también la afinación de los sikus, es útil el empleo
del concepto de un área estocástica que representa cada grado
de la escala, en vez de que cada grado sea representado por un único
y fijo sonido. De este modo, las alturas variables del sonido emitido por cada
tubo pueden ser localizados dentro de los límites de dicha área.
Por lo tanto, es posible concebir una escala estocástica formada por
estas áreas. Cada área está basada en los sonidos de una
o más escalas diatónicas sustentatorias, estadísticamente
determinadas por medio del estudio de diferentes sikus a través del tiempo.
Alrededor de estas escalas sustentatorias estarán localizadas las areas
estocásticas en mención. Así, se entenderá que las
escalas de los diferentes conjuntos, descritos en el siguiente capítulo,
son escalas sustentatorias de las escalas estocásticas descritas. (Para
mayor información acerca de las escalas estocásticas vease Valencia
Chacón 1982a y 1983b). Asimismo, es evidente que los factores que afectan
la afinación de los sikus repercutan en el efecto sónico total
del conjunto. Las lineas melódicas interpretadas aparecen borrosas para
el oyente occidental. Estas lineas melódicas se transforman en superficies
melódicas, sustentadas por los sonidos de la escala diatónica
en que se supone están afinados los sikus (vease Figura 10).
Por otro lado, en la parte peruana del altiplano, hemos encontrado dos tipos
de formaciones básicas de los grupos de sikus constituyentes del conjunto,
a saber: (1) la formación ternaria aymara constituido por tres grupos
(grupos A, B y C) separados por octavas; y (2) la formación cuaternaria
quechua de cuatro grupos (grupos A, B, C y D) separados también por octavas,
tal como se indica en la Figura 11. De modo que los grupos están alineados
en forma decreciente, desde el grupo A que es el de mayor tamaño y mas
baja afinación, hasta el grupo C (o D), de menor tamaño y mas
alta afinación.
Ambas formaciones tienen una estructura binaria de oposición simétrica
(al espejo) entre grupos de mayor y menor tamaño (bajos y agudos); actuando
el grupo B, en el caso de la formación aymara, como pivote. La particularidad
de esta estructura es que el grupo o los grupos centrales (grupo B en la formación
aymara, y grupos B y C en la formación quechua) son siempre los mas densos
numericamente, mientras que los extremos graves y agudos se limitan a escaso
número (1 a 3) de unidades bipolares. Esta distribución del número
de instrumentos, desde luego, no es casual: obedece a profundos principios estéticos
y filosóficos de la cultura andina.
Existen, también, dos adicionales matrices binarias entre los conjuntos
aymaras de sikuris. La primera y más antigua (Figura 12) consiste en
la división del conjunto en dos subconjuntos, cada uno de los cuales
poseen la formación básica aymara de 3 grupos separados por octavas,
detallada anteriormente. Ambos subconjuntos se entrelazan en una formación
binaria paralela, de modo que los tres elementos bipolares de cada uno están,
respectivamente, separados por quintas, tal como se muestra en la figura indicada.
Finalmente, tenemos la última matriz de mayor complejidad y de evidente
influencia occidental (Figura 13) que consiste basicamente en la anterior matriz
con la adición de los denominados grupos dúo (B1, D1, y F1) que
forman parte del segundo subconjunto y están separados por terceras (mayores
y menores) de los grupos fundamentales (B2, D2, y F2). Mayores detalles de estas
dos ultimas estructuras se dará más adelante cuando tratemos sobre
los conjuntos de sikuris aymaras. Es necesario mencionar, además, que
muchos conjuntos presentan formas más simples por la supresión
de uno o varios grupos de los extremos.
Otro importantisimo elemento que caracteriza al uso colectivo del siku que ya
anteriormente mencionamos, es la doble naturaleza de los conjuntos estudiados
en cuanto éstos son a la vez conjuntos musicales y coreográficos.
El paso coreográfico tradicioenal de los conjuntos de sikus es el paso
a terre, que consiste en arrastrar uno a uno los pies a razón de un paso
por cada golpe de percusión, como se detalla en la Figura 14. Asimismo,
la formación coreográfica es también binaria: el conjunto
musico-coreográfico generalmente se desplaza en dos columnas, en combinaciones
diversas de grupos y partes bipolares.