PRÓLOGO
En los últimos tiempos comenzamos a percibir los nuevos valores de la inteligencia peruana. Américo Valencia Chacón es uno de los más importantes y principales que hemos reconocido.
Desde muy joven debió iniciar su estudio de la música de nuestra serranía, pero de modo especial de la correspondiente al departamento de Puno.
Lo que podemos leer a continuación no es otra cosa que un gran estudio de búsqueda y hallazgo. Muy pocos antes nos rebelaron la copiosa existencia de la música puneña que él ahora nos presenta a propósito del siku bipolar. Cuanto dice acerca de este aparato específico del altiplano es el resultado de una paciente y laboriosa investigación de la realidad actual , de los acontecimientos y de la variedad de este movimiento.
Nos deja en suspenso la afirmación que hace de que la música espera el conocimiento y el manejo de este original invento para cambiar sus rumbos y dirigirnos hacía un futuro no muy lejano. Y es que tratándose especialmente del diálogo musical, una técnica tan original que tiene sus antecedentes en el mundo antiguo americano, se puede anticipar que su perfecto aprendizaje por grupos de gran competencia dejará en claro que el siku bipolar es una de las conquistas más notables de aquel pasado tiempo.
Lo que corrientemente se llama zampoña ira y zampoña arca es el personaje singular: en efecto, la música señalada nos conduce a la afirmación de que lo descubierto no está comprometido con ninguna otra teoría. Es la sencilla expresión de un gran hallazgo.
De los numerosos grupos que practican esta música, menciona el autor los cuatro siguientes: sikuris, pusamorenos, chiriguanos y ayarachis, todos descritos con bastante exactitud. Nos dice además que los valores manejados por ellos son originales, tanto como lo fueron y siguen siendo los demás que integran nuestra cultura antigua.
Afirma Valencia Chacón que los músicos de entonces se daban perfecta cuenta de la complejidad de su empeño, cuando sostiene que el dualismo y la formación de este tipo son parte principal de la base de este descubrimiento. Así, ya a nadie se le oculta de que aquel conocimiento era tan perfecto que sus principales resultados los aprovechamos hoy, como se hace con una nueva concepción humana. La dualidad a que se refiere no se limita a tal o cual aspecto de la vida antigua, sino a la manifestación de que este concepto tuvo carácter universal. Quiere decir que ni en el mundo material ni en el mundo espiritual se hace otra cosa que comprobar esa famosa dualidad. Nadie puede discutir que en lo político, pese ala visión primera de la unidad, aparecen los rasgos principales de la dualidad. No había un solo inca, como todos aceptábamos, sino dos. No existía un solo camino para llegar a la verdad sino múltiples rutas que, de un modo u otro, configuran una naturaleza multiforme.
Hemos procurado, quizá sin conseguirlo, atraer la atención de quienes se dediquen a manejar tan precioso material, muy cuidadosos del verdadero pensamiento e indudable deseo del autor de ser lealmente entendido. Los músicos nuevos tienen aquí un vasto campo para analizar y estudiar cada una de las revelaciones que nos hace. En todo caso, es preciso tener muy presente que se trata de una obra personal y originalísima. Los mejores votos son para Américo Valencia Chacón, a fin de que prosiga ahondando su amplio conocimiento de lo que es legítimamente nuestro.
Creemos finalmente que a partir de esta obra, deberán seguir adelante los autores musicales peruanos en general para no quedar de lado en la revista que el historiador realice sobre sus actividades intelectuales de esta parte del mundo. Repetiremos, quizá por última vez, lo que siempre hemos dicho y escrito sobre el Perú: que lo predominante y aquello que absorba nuestra atención sea la genuina y original historia del mundo antiguo. Sólo sí lo entendemos así tendremos derecho a que se nos llame peruanos.
LUIS E. VALCÁRCEL